El síndrome de “burn-out”

Pensando en los síntomas actuales que es una de las partes que da título a estas jornadas, me interesó la idea de hablar del síndrome de burn-out, que luego ilustraré con una viñeta de un paciente médico, casualmente por ser un conjunto de signos y síntomas que conforman este síndrome que se produce como consecuencia de la frustración en la relación con los otros, como una de sus particularidades.

Surge como resultado de la relación frustrante con otras personas, de los objetivos profesionales frustrados, de la carencia de objetivos, o de los objetivos que fueron ideales y quedan mutilados. Dicho de otra manera, la puesta en acto de la castración, la falta que se apodera de la vida del profesional.

Los colectivos más propensos son el médico y el educacional(maestros y profesores). ¿Y los psicoanalistas o los psicólogos?

La verdad no me veía con ánimos de hablar del TOP (Trastorno orgánico de la personalidad) del TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) del TAB (Trastorno afectivo bipolar) del TDA/H (Trastorno de atención e hiperactividad) o del TLP (Trastorno límite de la personalidad), etc. Son etiquetas que nombran un síntoma o conjunto de síntomas que normalmente, no digo que siempre, sirven para enunciar la medicación que viene a continuación.
El término bourn-out fue utilizado por primera vez en los EE.UU por el psicólogo clínico Herbert Freudenberger en los años 70, creo que específicamente en 1974 para definir el desgaste extremo.

¿Qué es o por qué se caracteriza?

Es un peculiar estado de agotamiento que aparece como efecto de la frustración proveniente del fracaso del fervor, de la pasión hacia una causa, hacia un modo de vida (una profesión por ejemplo) o una relación que fracasa al no producir la gratificación esperada. Esto hace que no se confunda con el tan popular reutilizado estrés, o con la sobrecarga de trabajo.
Su aparición no tiene porque quedar necesariamente reducida al ámbito profesional o laboral. Tener una vida sin motivaciones o sin proyectos pueden producir el mismo resultado sintomático: irritabilidad, nerviosismo, insomnio, crisis de angustia, desprecio hacia uno mismo etc. Que se van a proyectar en todo el mapa de la vida de la persona.
Se caracteriza entonces por un estado de agotamiento físico, mental y emocional donde aparecen: sentimientos de soledad, de alienación, angustia no definida, no proyectada sobre ningún objeto en particular ni en una causa identificable claramente. Sentimientos de impotencia, de no servir para nada o su contrario, sentimientos de omnipotencia, de que se es capaz de todo y sirve para todo.
En estas circunstancias la persona habla poco o no habla, se vuelve cínica, apática, hostil e hipersensible. Se aísla, tiene bruscos cambios de humor, irritabilidad y enfados frecuentes.
Los efectos psicosomáticos pueden ser: dolor precordial, hipertensión, crisis asmáticas, catarros frecuentes, mayor frecuencia de infecciones, aparición de alergias, dolores cervicales y de espalda, alteraciones menstruales, úlcera gastroduodenal, diarreas, jaquecas, etc.
Estos serían los síntomas, los efectos, las consecuencias para las personas y que son trasladados al entorno familiar. Las actitudes cínicas y de desprecio suelen ser proyectadas en familiares y amigos. Se muestran irritables e impacientes y los conflictos permanentes pueden derivar en enfrentamientos matrimoniales o en ruptura de la pareja (esto también puede suceder sin estar quemado en el trabajo).
Si escuchamos la descripción sintomática o fenomenológica podría pertenecer, depende como se estructurara en la transferencia, a cualquiera de las tres estructuras que tenemos como referencia a la hora de escuchar.
Como dije antes, algunas de las profesiones más afectadas son: el personal sanitarios, el correspondiente al ámbito de la educación y yo creo que cualquiera que su trabajo dependa de las relaciones con las personas, ya sean compañeros, pacientes, clientes o alumnos.
Cuando la insatisfacción es permanente, las frustraciones constantes, cuanto más se aleja la realidad laboral cotidiana de los objetivos o del ideal del individuo, más cerca se está del fuego o ya se está ardiendo en él.
Repito, cuando las frustraciones, o la sensación de frustración es constante, se produce un agotamiento emocional (no olvidemos que el 80% de nuestra vida la pasamos en el trabajo, bueno podríamos dejarlo en un 60%). Este agotamiento incapacita la posibilidad del aislamiento de los problemas laborales al llegar a casa, y en general pueden aparecer deseos de estar solo o exigir una mayor atención que ellos no pueden dar. Considerar los problemas familiares banales, un endurecimiento de los sentimientos o por el contrario una mayor sensibilidad que haga que la persona se sienta afectada emocionalmente por todo. En definitiva, todo esto deteriora las relaciones interpersonales y hace la convivencia irrespirable, o un infierno, por lo de las llamas.
Más o menos hemos visto las consecuencias personales, familiares o del entorno. Y las consecuencias para la entidad, en caso de relación de dependencia serían: disminución de la satisfacción laboral, absentismo laboral elevado, propensión al abandono del puesto, deterioro de la calidad del servicio, aumento de los conflictos interpersonales con jefes, compañeros y usuarios, y un aumento de los accidentes laborales. Todo esto no termina a nivel personal u organizativo, va a ir más allá y va a repercutir de manera directa en el conjunto de la sociedad. Aunque no entendamos nada, miremos lo que nos rodea, sobre todo en estos momentos, y creo sobrarían los ejemplos.

LA ETIOLOGÍA O EL ORÍGEN, SUPUESTAMENTE

Las causas son siempre diversas pero siempre tienen sus variaciones individuales.
Suele decirse o suele tomarse como referente la edad: existe la posibilidad que se produzca en los primeros años de ejercicio de la profesión, donde se produce la transición de las expectativas idealistas hacia la práctica cotidiana, sobre todo si en esta, las recompensas profesionales, personales y económicas no son las prometidas y esperadas. Aunque no creo que se produzcan tanto en un principio porque es el momento en que aún se cree en el Otro. Si luego de 10, 20 o 30 años de experiencia.
El sexo: también suele decirse que las mujeres podrían ser el grupo más vulnerable si aunamos la carga del trabajo a las responsabilidades de las tareas familiares y, sobre todo, si las dos son insatisfactorias.
El estado civil: algunos autores presuponen un mayor equilibrio a aquellos que viven con parejas estables y con hijos, pero sabemos que esto no presupone a priori ninguna garantía. No hay ningún estado que presuponga garantía de nada.
La institución o el trabajo como absoluto: deficientes estilos de dirección, falta de personal y medios, ausencia de mecanismos eficaces de comunicación y motivación., excesiva burocratización que conduce a una deshumanización de las relaciones. Malos horarios, malos honorarios. Otro elemento importante es la relación interpersonal con colegas, usuarios o pacientes, la competitividad, el excecivo narcicismo etc., algunos de estos ítems vale para las instituciones posicoanalíticas.
Bien, hasta aquí estoy colocando las causas fuera, que son importantes tener en cuenta. Es fundamental que las instituciones puedan preocuparse por humanizar las relaciones laborales y desarrollar una política de prevención, avisados de la posibilidad de su aparición, para evitar el burnout. Todo esto suena fantástico pero dudo mucho que funcione, al menos no en la mayoría de instituciones, dudo, no quiere decir que esté seguro, pero conozco alguna institución hospitalaria con su correspondiente departamento de recursos humanos donde lo que menos importa es lo humano, lo de los recursos es, como hacer que trabajen bien, barato y que molesten lo menos posible.
Pero pasemos a otro de los aspectos que es determinante y es el personal, es el sujeto.
No todo el mundo en las mismas circunstancias se quema, como no todas las adolescentes se transforman en anoréxicas para poder comprar ropa en Mango. Muchas veces las quemaduras en primer grado se producen por la estructura de la persona, por cómo encaja las frustraciones personales, por cómo vive su relación con el Otro y con los otros, por su historia individual, y luego esto es proyectado en su vida profesional. ¿Podríamos decir que hay un baurnin previo a un baurnaut?
Esto no quiere decir que no reconozca lo dicho en cuanto a las causas externas, pero estas son el desencadenante.

EL PACIENTE

Una persona, médico, acude a mi consulta por estar quemado por trabajo, por haber perdido interés por su profesión en la que lleva más de 10 años, por tener miedo de ir a trabajar cada día, por no sentirse capaz de resolver las demandas que se le presentan cotidianamente. Habla de su decepción, de cómo no coincidía lo que creía en un principio que podría lograr y no lograba, de cómo pensaba que ya no avanzaría más, que no crecería más profesionalmente. Piensa que la institución lo explota, que el mundo está mal construido, que era injusto y él su víctima.
Para él, todo esto, o supuestamente por esta causa se producían mucho de los síntomas descritos anteriormente. Si yo me quedo con esto, con el título, con el desencadenante, debería colocarme en una posición directiva, sugerirle u ordenarle que aparte de su mente los sentimientos negativos, que no dramatice los conflictos, que busque relaciones que le aporten buenas vibraciones, que haga deporte y no coloque todo en el trabajo. Todo esto está muy bien, pero es como decirle a alguien que está deprimido que salga, que se divierta, que la vida es bonita y merece ser vivida.
La primera pregunta, lo que no quiere decir que haya que formularla así, es: ¿cómo participas tú, o que responsabilidad tienes, no que culpa, en eso de lo que te quejas? A partir de ahí, con este paciente en particular, aparecen cosas que en un principio no tienen que ver con el burnout, pero que sí, lo conducen a instalarse en el centro de la hoguera.
La carrera la había estudiado porque era un deseo frustrado de su padre, quería que su hijo fuera lo que él no pudo ser. Él quería ser músico, siempre se había desvalorizado, se encontraba cientos de limitaciones y casi ninguna virtud, sólo que era una buena persona. No había terminado de elaborar el duelo por la muerte de su madre con la que se sentía protegido y cuidado y el miedo que le producía vivir hacía que estuviera atrapado en infinidad de rituales que lo protegían de los peligros y aunque se daban cuenta de que eran absurdos, no podía evitarlos.
Había pasado una etapa por la cocaína en busca de valentía, pero no duró mucho tiempo. Estaba casado con una mujer a la que no quería pero no se atrevía a separarse por miedo a quedarse solo.
Aquí no encontramos con respuestas que se van construyendo a lo largo del tratamiento, que hablan de una estructura neurótica cuya sintomatología también se despliega en el trabajo.
Los adultos, ante los conflictos internos, hacen que los síntomas exploten en lo laboral, como los primeros síntomas que alertan de que algo no funciona bien en los niños aparecen en el colegio.
Entonces, tenemos por un lado, que el burnout se produce por la frustración de los ideales, por la deshumanización de las instituciones y de cómo esto engancha con la estructura y los conflictos internos de las personas.
Respecto a los ideales, a los proyectos que van más allá de lo que tenemos en el presente, eso que empuja para que estemos en movimiento, se llama deseo y nunca puede ser satisfecho en forma definitiva. Cuando creemos que sucede, es cuando la vida pierde sentido, de la misma manera si creemos que la frustración siempre es la respuesta a lo que deseamos. Hay que estar advertidos, lo ideal puede aparecer siempre como inalcanzable, lo que no quita valor a los objetivos conseguidos, porque en el trayecto, sin darnos cuenta, vamos acercándonos al ideal, no conseguirlo tiene que dar empuje, no desesperación.
Respecto a las instituciones, es un problema global acorde con el mundo que nos ha tocado vivir, donde las modificaciones se pueden producir si las personas son consideradas en su dimensión humana, con posibilidades y límites y no como simples elementos de una cadena donde lo único que cuenta es una productividad que pueda ser reflejada a nivel estadístico.
Respecto a lo personal, tenemos que estar advertidos de que aunque seamos inteligentes y geniales, la falta existe para todos y somos vulnerables, que los ataques a nuestro narcisismo no lo encajamos bien, que madre hay una sola y que el reconocimiento de que somos únicos e insustituibles no se va a repetir.
El psicoanálisis ayuda a interrogarnos sobre lo que nos pasa, sobre lo que nos angustia, sobre lo que nos produce malestar. Si no hay saber no hay solución posible.
Muchas veces puede estar fuera de nosotros, pero somos nosotros los que elegimos, otras dentro y lo proyectamos fuera, y si esto es así, por más que cambiemos de trabajo, de pareja, de amigos o de coche cada semana, lo seguiremos repitiendo indefinidamente.
Había una pregunta pendiente, psicólogos y psicoanalistas en relación al burnout.
¿Los psicólogos están exentos?
En principio no. Un título universitario no inmuniza contra los conflictos psíquicos, de la misma manera que ser médico no inmuniza contra las enfermedades orgánicas.
¿Y los psicoanalistas?
En el trabajo clínico no deberíamos quemarnos, aunque hay de todo en la viña del señor, porque se supone que nos hemos psicoanalizado media vida para conocer nuestros conflictos, nuestros fantasmas, nuestras limitaciones, nuestras angustias, esto y el saber teórico y clínico nos darían, supuestamente, más recursos que otros profesionales para no quemarnos, aunque creo que nada es garantía absoluta de nada.
¿Un psicoanalista en una institución psicoanalítica? bueno tengo una idea, pero lo dejo para que vosotros podáis aportar lo que os parece.

Carlos H. Jorge