La Hipocondria: una preocupación imaginaria por el cuerpo

Una definición del siglo XIX.

“La hipocondría es una monomanía muy clara, que se distingue por una preocupación dominante especial y exclusiva, o por un temor excesivo y continuo a enfermedades extravagantes e imaginarias, o por la íntima convicción de que las enfermedades, reales en verdad pero siempre imprecisas, sólo pueden terminar de una manera funesta “.

Es en definitiva, la preocupación subjetiva de padecer una enfermedad física grave que no puede verificarse objetivamente sobre una base fisiológica u orgánica. Es la tendencia a exagerar dramáticamente los más leves síntomas, como si representaran una temible enfermedad.

No es como se suele creer, un síntoma actual, un síntoma producido por las exigencias de la vida moderna. Es un síntoma psíquico que acompaña al hombre desde tiempos inmemoriales. Es probable, que en la actualidad haya aumentado cuantitativamente al igual que la anorexia. o la depresión.

Vivimos en un mundo que hace suyo la máxima de Luis XV “Después de mí, el diluvio”, del culto al cuerpo. Una época donde existe el confort, mandos a distancia hasta para la jaula del canario, el tiempo libre, la preocupación desesperada para que no se nos note la edad, el aburrimiento, y el terror de que algo nos pase, de que algo falle en nuestro cuerpo y no podamos disfrutar el “España iba bien”. Vivimos en un momento donde hay fármacos hasta para el dolor de pestaña, donde ante un cambio de estado de animo hay un antidepresivo indicado para evitar el sufrimiento psíquico, pero no podemos huir de nosotros mismos, y el hipocondríaco dice: “todo eso no me es suficiente, no me sirve”. Busca en las consultas médicas, las respuestas a su órgano supuestamente enfermo como un intento de evitar las preguntas sobre el miedo y la angustia que lo ahogan, pero la huida no es un remedio contra el peligro interno.

Toma su lenguaje del médico y le demanda que sea el testigo activo y apasionado de sus elucubraciones. Está convencido de ser un artesano inventivo de la ciencia médica. Mediante su saber, quiere guiar al profesional hacia lugares inéditos y enseñarle a leer el Gran Libro de la Naturaleza, del cual él es la encarnación apasionada.

El problema para nosotros es como considerar la hipocondría. ¿Es una categoría nosográfica como la histeria o como la neurosis obsesiva? ¿Es una enfermedad? ¿Es unTOC, un TOP, un TAB, un TLB? ¿Es un modo de ser? o ¿Es un síntoma que manifiesta en forma muda, pero audible, de que hay otra cosa detrás de la queja del órgano?

Yo diría que la queja hipocondríaca es la expresión de un padecimiento psíquico, que no puede ser verbalizado de otra manera. Es un síntoma con su particularidad, como cualquier otro síntoma y puede pertenecer a la neurosis o a la psicosis. Pero dejemos esta última para no complicar las cosas.

La queja hipocondríaca, es la manifestación de una posición regresiva, de agresión dirigida contra los otros, sobre todo contra el ambiente habitual, familiar. Es una manera de hacerse escuchar, de que lo tengan en cuenta, de que se den cuenta que existe, de que necesita ser importante para alguien. En realidad lo que existe en el hipocondríaco es una sensación, un sentimiento de que vale poco, y de que nadie se ocupa de él, y si esto es así, el mismo ha de dedicar a su cuidado la mayor parte del tiempo, con lo que carece de oportunidades para darse a los demás. Él es el centro del mundo. Inconscientemente, solicita atención, cariño y comprensión por medio de pretendidas enfermedades a las que intenta encontrar1es validez en la lucha que establece con los profesionales a los que acude. Lo que quiere es demostrar que tiene razón contra el facultativo. Vive en la ilusión de que agotando el saber se llegará a la verdad. Esta condenado al fracaso, pero para él ese fracaso es siempre el fracaso del saber, por eso pasa del médico genera1ista a todos los especialistas.

En el estudio de la hipocondría a través de la historia, se comprueba que su forma de hacer y de decir está influida por el estado de la medicina y el progreso de la ciencia. El hipocondríaco de la época de Mo1iere, no tiene el mismo discurso que el hipocondríaco de los scanners, de las fibroscopias, las endoscopias, las radiografías, etc. No se da tiempo para saber quién es, para poder analizar que es lo que en su vida no funciona, cuales son sus insatisfacciones, sus frustraciones. Su valor como persona está en lo que cree que sabe sobre su “supuesto cuerpo enfermo”. Allí donde el médico dice: “Pero yo no veo nada”, él insiste: ¡Pero sí, hay algo! ¡Mire desde más cerca!
El médico al que el hipocondríaco se dirige, no es para él un padre, es una madre a la que le demanda que le preste atención a lo que dice, a lo que hace, a lo que él es. Para él cuenta ante todo la prescripción en sí, más que el contenido de esa prescripción. Acumula medicamentos que no ha utilizado nunca, colecciona recetas. Sea cual fuere el producto, nunca es eso. Digamos que a su narcisismo originario perturbado, mal construido, nada de lo actual lo puede satisfacer. Se encuentra obligado a convertirse en un tirano. Tirano familiar, que se hace servir, vestir, mantener, y que está siempre descontento, porque nunca es eso. Sobre un fondo de impotencia o de frigidez, está la imposibilidad de plantearse que algo le falta, de que algo le pasa, de que en algo falla, de que para algo no sirve o se equivoca.

El hipocondríaco siente su existencia siempre amenazada, esto hace que pueda precipitare y hundirse en un mundo paranoico donde sería el perseguido de un perseguidor, y teniendo la sentencia en suspenso si se produce un desfallecimiento en el representante del saber, que él mismo ha forjado en la figura del médico, se siente amenazado en su propia vida. Toda información sobre posibles enfermedades es vivida como un peligro. Internet se ha transformado en un nuevo suplicio… Algunos ejemplos:

  1. Ha circulado el rumor cibernético de que los desodorantes causan cáncer de mama. La teoría se basa en que bloquean las glándulas sudoríparas y no permite que el cuerpo elimine las toxinas; estas se vierten en los nodos linfáticos, donde se desarrollan y producen células cancerígenas. Ante semejante brutalidad la Asociación Americana del Cáncer tuvo que emitir un comunicado en el que explicaba que no
    existía tal posibilidad.
  2. Recientemente un rumor que relacionaba la muerte de 3 mujeres en Chicago con síntomas misteriosos, sembró el pánico entre los ciudadanos. Esta información circuló sin restricciones por Internet. Según el relato, 3 mujeres habían comido en el mismo restaurante el mismo día de su muerte y… habían ido al baño. Se afirmaba, que en el asiento del retrete se había encontrado una araña mortal llamada Arachnius gluteus, originaria de Sudamérica. Resultó muy complicado convencer a la población de que no existía una araña con ese nombre y de que había sido una broma.

Para terminar: Como hemos visto hay enfermedades que sólo existen en la realidad psíquica, lo que nos hace pensar, aunque parezca extraño, como se puede llegar a construir una vida alrededor de sufrimientos que no deberían serlos.

Es que, entre otras cosas, lo que el psicoanálisis descubre, es que el neurótico construye un particular modo de ser desdichado y sufriente, una modalidad que difiere en su expresión y estructuración del modo corriente.
Curarse, entonces, va a significar, sufrir como todo el mundo, vale decir, sufrir de aquello que hace sufrir.
El neurótico no sufre solamente de aquello que hace sufrir, sino que sufre de aquello que hace gozar, como los deseos, la relación sexual, las fantasías, etc. El neurótico, en definitiva, tiene miedo de disfrutar, y ese miedo aparece solapado en infinidad de síntomas.

Charla dada en la Mutua Nuestra Señora del Carmen de Granollers, dentro del ciclo de conferencia de CEDAP.

Carlos H. Jorge