Los Celos

Podríamos comenzar diciendo, a modo de definición, que los celos son sentimientos que pueden aparecer cuando algo o alguien pone en peligro el afecto o la estimación que uno desea para sí. La persona celosa puede reaccionar no solo contra quien cree usurpa su posesión, sino también contra aquel cuyo afecto busca.
El estado emocional que brota de los celos, puede apoderarse y dominar de manera obsesiva el pensamiento de su víctima, esto es: que se instala como una idea fija que no es posible mover o puede presentarse de manara pasajera, funcionando como un episodio provisional.

Normales:

Los celos que podríamos llamar normales están caracterizados por la tristeza y el dolor por la persona amada que se cree pérdida, por la ofensa narcisista, por los sentimientos hostiles contra el rival que aparece como el preferido, y una autocrítica intensa en la que la persona se coloca como la responsable de la pérdida sufrida. Estas podrían ser las particularidades de los celos ocasionales y están relacionadas con la intensidad de los sentimientos amorosos. También es cierto que la amenaza de pérdida suele actuar como valorización de lo que se quiere, o como alivio, según los casos.

Neuróticos:

Los celos que podríamos denominar neuróticos son aquellos que constituyen una característica permanente en la persona y que hacen que no puedan incubar un amor autentico, porque todas sus relaciones están atrapadas en una imparable necesidad narcisista.

¿Qué queremos decir con narcisismo?

Este término se emplea en psicoanálisis para designar un comportamiento por el cual un individuo se ama a sí mismo, dicho de otro manera, trata a su propio cuerpo como se trata el de una persona amada. Estar enamorado de sí mismo sería lo que define el narcisismo según el mito griego del joven Narciso fascinado por su propia imagen. Este narcisismo constituye una etapa necesaria en la evolución (subjetiva) y constitución del ser humano, antes de que descubra, en la infancia, la existencia de otros fuera de él. Este estadio es el mediador entre el autoerotismo y el amor objetal y es inevitable en todo desarrollo normal, pero lo que lo transforma en patológico es cuando algunas personas quedan fijadas en esta fase de una manera insólitamente prolongada y las particularidades de este período subsisten en estadios ulteriores del desarrollo.

Los niños:

Solemos decir que los niños son egoístas, y es cierto, no por que sean malos, sino porque ellos, para ellos mismos, son el centro del universo y no toleran competencia. Para el niño no hay justicia. A sus ojos, la injusticia es absoluta cuando no lo tiene todo. Es el caso de una niña de 8 años, con una hermana mayor de 12 y un hermano pequeño de 3. había comenzado a hacer síntomas para llamar la atención. Enuresis, temores nocturnos ya superados, mentiras y problemas de conducta con los compañeros en el colegio. Lo importante en este caso, fue trabajar con la madre, para que pudiera hacer resaltar las cualidades de la niña, hacerla reflexionar sobre sus propios gustos y hacerla elegir (lo que fuere) por su cuenta. Esta niña se creía atrapada entre los privilegios del pequeño, por ser pequeño y único varón y la mayor, que por serlo, todas sus decisiones serían las acertadas. Era una niña extremadamente dependiente y que sentía que se ha había quedado sin nada. Tenemos que tener en cuenta que la dependencia como los celos, provienen del sentimiento (imaginario) de valer menos que los demás. Aquí no hay que tratar de ser justos, cosa por otro lado bastante imposible, sino hacerle recuperar su lugar, estando atentos al reconocimiento, y al poder valorar las cosas que hace o dice, sin compararla jamás con la hermana o el hermano.

Volviendo a los adultos:

Las personas predispuestas a los celos son, paradójicamente, las que cambian continuamente y con facilidad de objeto (de amores, haciendo una traducción técnica incorrecta), y se sienten celosas, incluso, de objetos en los cuales no tienen un interés especial, hasta que una circunstancia extraña provoca sus celos. Si los celos fueran simplemente, una reacción penosa a una frustración, podrían ser rechazados con cierta rapidez, pero en realidad presentan la característica opuesta, es decir, una tendencia a interferir y a convertirse en obsesión.

La mezcla de depresión, agresividad y envidia con que e la persona reacciona a la pérdida de amor, revela una intolerancia especial a cualquier tipo de frustración. Y el temor a la pérdida de amor es más intensa en aquellas que esta pérdida significa un mazazo para su autoestima. Dado que el hecho mismo de aferrarse a lo que posee puede llenar la función de autoestima, sobre todo en una sociedad que se sustenta en el eslogan de “tanto tienes, tanto eres” y donde la pareja es considerada como propiedad del otro. Cualquier desliz en estas posesiones, puede activar el mecanismo de los celos conjuntamente con su compañera inseparable que es la envidia.

El carácter obsesivo de los celos se debe a que la situación actual que ha provocado los celos, trae a la persona el recuerdo de una situación similar, más antigua, que ha sido reprimida. El mantener en el primer plano de la conciencia una humillación actual, ayuda a mantener en segundo plano la humillación anterior, lo que no evita la reacción en cadena.

Existen otros tipos de celos, que podríamos denominar: celos proyectados y los celos delirantes. Los primeros habitan tanto en el hombre como en la mujer y nacen de las propias infidelidades o del deseo de estas, que por los efectos de la represión ha sido relegado a lo inconsciente. Sabemos que la fidelidad, sobre todo la exigida en el matrimonio o en la pareja, tiene que luchar con incesantes tentaciones. El deseo, las fantasías, circulan libres por el interior de cada uno, llevarlo o llevarlas al acto es otra cosa. Pero precisamente aquellos que niegan experimentar tales tentaciones, sienten tan enérgicamente su presión que suelen acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla, y pueden alcanzar tal alivio e incluso la absolución por parte de su conciencia moral, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre la persona amada “Yo lo deseo, pero como no lo soporto, sospecho de ti”.

Pero en la sociedad que vivimos existe un juego de seducción que podemos encontrar en cualquier reunión social, en los lugares de trabajo, en las miradas por la calle, etc. Este juego pone en evidencia el deseo de gustar del hombre o la mujer, casados o no. Este juego no implica necesariamente supuestas infidelidades, es un juego directamente relacionado con el narcisismo necesario para vivir. Para una persona celosa, una mirada hecha con cierta coquetería o una actitud de simpatía que se pueda interpretar como fuera de lo habitual por su pareja, puede desencadenar un drama familiar. Puede ser interpretado como la confirmación de una relación extramatrimonial. En este punto los celos proyectados tienen un carácter casi delirante, poniendo el énfasis en el casi.

De una manera u otra los celos coexisten en el ser humano y está, en cada uno, la responsabilidad, previa conciencia de ello, de gestionar su solución.

Charla dada en la Mutua Nuestra Señora del Carmen de Granollers, en el ciclo de conferencias ofrecidas por CEDAP.

Carlos H. Jorge