Lo masculino y lo femenino. La equivocación del feminismo y del machismo

El psicoanálisis, aparte de ser un método terapéutico, es una construcción teórica y también un método de investigación sobre los funcionamientos de la cultura y la civilización.

Esto lo digo porque el divorcio entre la mujer y el hombre, no entre lo femenino y masculino, es de tiempos inmemoriales y no es por culpa de Freud. Él intenta poner cierto orden para que el envase no se confunda con el contenido.

Existen innumerables trabajos sobre la naturaleza del hombre y la mujer y digo el nombre de uno para ilustrar: “La inferioridad mental de la mujer” del neurólogo Paul Julius Möbius (1853-1907) que había estudiado la patología de Rouseau, Goethe, Schopenhauer y Nietzsche, e intenta explicar, en este texto, los elementos que constituirían la debilidad mental de la mujer lo que explicaría su apagado rol social, y lo que hace, eso sí científicamente, es anatomía comparada: la capacidad mental de una especie es directamente proporcional a la cantidad de masa cerebral. Conclusión: las mujeres cuyo cerebro es, en tamaño, menor que el de los hombres, debían ser intelectualmente inferiores. El envase juega malas pasadas y veremos que el machismo y el feminismo son antagónicos en su forma de ver a la mujer, pero convergen en la del hombre.

En relación a la inferioridad, digamos, intelectual de la mujer, han surgido infinidad de respuestas humorísticas, por ejemplo:

  • Machista:
    • – ¿Qué es una rubia teñida de moreno?
    • – Una inteligencia artificial
  • Feminista:
    • Cuatro hombres encuentran una lámpara mágica y sólo se puede pedir cuatro deseos. Deciden entonces pedir uno cada uno:
      • El primero pide ser 25 veces más inteligente.
      • El segundo 50 veces más inteligente.
      • El tercero 75 veces más inteligente.
      • El cuarto 100 veces más inteligente.
      • ¿Y entonces que sucedió?
      • ¡Se convirtió en mujer!”

“¿Por qué el psicoanálisis es más breve para el hombre que para la mujer? ¿Porque cuando hay que volver a la infancia, los hombres están todavía allí”

La agresividad y el dominio son rasgos históricamente relacionados a la condición viril. El machismo los aplaude, el feminismo los repudia y denuncia, y se suele terminar relacionando lo masculino con lo activo y lo femenino con lo pasivo que es la tan criticada perspectiva freudiana.

El feminismo es una ideología que tiene su razón de ser, y el hombre y la mujer tienen que tener los mismos derechos en todos los ámbitos, esto es, político, legislativo, jurídico, policial, sindical, laboral, social, cultural, educacional, familiar, económico, sanitario y psicológico. Pero nos guste o no, hay personas que socialmente son definidas como inferiores y son colocadas de tal manera que tengan que prestar servicio los supuestamente superiores. La cultura es masculina y no como efecto del leguaje, sino como consecuencia de las relaciones de poder ejercida por los hombres sobre las mujeres.

Un poco de historia, porque somos producto de de ella tanto individual como colectivamente.

Comencemos por la época que corresponde al final de la monarquía romana, en el año 509 antes de Cristo, y al imperio romano, en el año 30 antes de Cristo. En la historia de Roma fue en estos dos momentos cuando se constituyó la familia alrededor de la autoridad absoluta del varón. El hombre era el jefe de su familia, en el aspecto jurídico, político y religioso, con derecho de vida y muerte sobre su esposa, sus hijos, sus esclavos y siervos, y le correspondía la propiedad de todos los bienes, incluyendo los de su mujer y los producidos por cualquiera de los miembros de su familia.

La mujer estaba sometida, primero, al poder de su padre que luego era traspasado al marido. Ambos tenían funciones de jueces y de verdugos sobre ella, respecto de cualquier conducta que consideraran inaceptable. En lo civil, la mujer era una perpetua menor de edad, y debía ser tutelada por el marido. Cuando en la historia del derecho romano se otorgaron a la mujer cierta independencia y emancipación respecto de su padre y marido, el estado restringió sus acciones públicas, negándole la igualdad con el hombre, en razón de la inferioridad de su sexo.

Todo esto lo digo, y continuaré un poco más con la cuestión de la desvalorización histórica de la mujer, para que se entienda el surgir y la fuerza del feminismo, y la EQUIVOCACIÓN al creer que ser como el hombre es lograr la igualdad, ser como, no me refiero a tener los mismos derechos. Hay que recordar que el feminismo es una ideología y un conjunto de movimientos políticos, culturales e ideológicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero sería mejor hablar de feminismos en plural, esto es el feminismo cultural, el liberal, el radical, el ecofeminismo, el anarco feminismo, el feminismo de la diferencia,, el feminismo marxista, el feminismo separatista, el filosófico, el cristiano, el islámico, el post-colonial, el lésbico y el feminismo crítico.

Un salto: Siglo XIV, se retoma con total vigor la concepción del patriarca con poder absoluto dentro de la familia, tuvo su apogeo con Napoleón y a partir de aquí hay verdaderas joyas literarias dichas por este y algunos pensadores y literatos.

Alguna de ellas:

“La naturaleza quiso que las mujeres fueran nuestras esclavas… son nuestra propiedad… nos pertenecen, tal como un árbol que pare frutas pertenece al granjero… la mujer no es más que una máquina para producir hijos”

A Rousseau mejor no lo menciono pero si a Honoré de Balzac (escritor francés, Siglo XIX.)

“La mujer es una propiedad que se adquiere por contrato, un bien mueble, porque la posesión, en fin hablando propiamente, la mujer no es más que un anexo del hombre”

y aconsejaba a los maridos en su obra “La fisiología del matrimonio”:

“no comience nunca su matrimonio con una violación”

Esta era una práctica difundida tanto en la ciudad como en el campo, de allí los llantos tradicionales de las madres en el casamiento de las hijas, más desesperación que felicidad, porque parece ser que la noche de bodas era el momento en que el hombre necesitaba demostrar quién era el que iba a mandar de ahora en adelante.

Siglo XX. Art.428 del Código Penal, hasta su modificación en 1963. Se castigaba con pena de destierro al marido que, sorprendiendo en adulterio a su mujer matara en el acto a los adúlteros, o a cualquiera de ello, o les causara lesiones graves, quedando exento de pena si les causara cualquier otro tipo de daños.

1978 Se deroga el delito de adulterio que llevaba aparejadas penas que iban de 6 meses y un día a 6 años de prisión y era aplicable sólo a las mujeres, en el caso de los hombres sólo era punible el amancebamiento, esto es: unirse hombre y mujer sin estar casados. (Ahora entiendo porque algunos dicen que con Franco se vivía mejor)

A la mujer no sólo se le prohibía el derecho a la contracepción, o a la interrupción voluntaria del embarazo, sino que tales normas llegaban a pautar con quién y en qué circunstancias las conductas sexuales eran consideradas delictivas, cortando el derecho de la mujer al libre ejercicio de su sexualidad.

No es extraño por lo tanto el significado asimétrico de algunos términos de la lengua española.

Por ejemplo:

  • HOMBREZUELO: Hombrecillo, varón, mínimo, pequeñito.
  • MUJERZUELA : Puta.
  • HOMBRE PÚBLICO: Personaje prominente.
  • MUJER PÚBLICA : Puta.
  • LIGERO: Hombre débil y/o sencillo.
  • LIGERA: Puta.
  • LOBO: Mamífero predador rapaz y feroz. Hombre experimentado y arriesgado.
  • LOBA: Puta.
  • PERRO: Mejor amigo del hombre.
  • PERRA: Puta.
  • ZORRO: Espadachín justiciero.
  • ZORRA: Puta.

Cuando este apelativo es utilizado por un hombre, lo hace desde la frustración y la impotencia y si es utilizado por una mujer, lo hace desde una envidia devastadora.

Bueno, pero todo lo dicho anteriormente ha cambiado bastante gracias a la lucha de las mujeres por la igualdad, con todos los avances que esto produce en todos los órdenes, tanto político, cultural, social, etc.

¿Producen estos logros, cambios subjetivos?

Queda la pregunta.

Todo esto hace que el hombre vaya perdiendo su lugar de imprescindible, ya no es necesario, al menos en cuanto a presencia física, ni siquiera para la reproducción y que la subjetividad masculina quede problematizada y una de sus repuestas posibles puede ser la violencia domestica.

En este momento, el sistema de dominación y control patriarcal de los hombres se ve profundamente afectado en sus intereses y su poder. En el interior de cada pareja, nada se encuentra ya dado naturalmente en los valores y las funciones asignados a las supuestas identidades de hombre y mujer. En estos espacios íntimos, las decisiones son personales: la moral que regule la práctica del sexo y la fidelidad, o la ética que fije principios para el compromiso, la consideración y el respeto por el otro se han transformado en una empresa cotidiana que cada uno debe asumir sin el resguardo que antes ejercía la ética patriarcal.

En este proceso de cambio, los hombres son quienes más expresan una fractura subjetiva. Por primera vez en siglos, se problematiza la masculinidad y los hombres van un poco perdido en relación a los valores de su identidad.

Ellos podían soportar los valores del matrimonio tradicional porque estaba armado en relación a los valores de dominación. La duplicidad de la vida amorosa, las amantes y las prostitutas, los ayudaron a defender el matrimonio como lugar de preservación de la pureza de la mujer-madre.

Las divisiones entre la mujer pura y la loba, entre la sexualidad de la mujer-madre y la prostituta, entre la sexualidad controlada de la esposa y la libre de la amante, han sido los parámetros de su sexualidad.

Por eso ¿Cómo enfrentarse ahora a una mujer que se ofrece sexualmente, sin dudar de su amor? ¿Cómo asumir el compromiso y la pasión con alguien que no renuncia a su libertad y que puede comportarse como él mismo, es decir desear libremente? Porqué proteger, cuidar, mantener, dar seguridad, prometer continuidad y estabilidad, a alguien que no está dispuesta a entregar a cambio exclusividad y sometimiento al matrimonio y a la maternidad?

Estas cuestiones que uno escucha en la clínica, enfrentan a los hombres a una ruptura del ordenamiento de aquello que entendían como natural en la mujer, les cuestiona los valores de su masculinidad, y los deja indefensos frente al reconocimiento de su dependencia emocional con la mujer.

Y del lado de la mujer, la estructuración de la subjetividad femenina y también su estructuración orgánica las hace más vulnerables, a causa de los factores de riesgo a los que están expuestas en diversos momentos de su vida: la pubertad y la adolescencia, el embarazo, el parto y el puerperio, la crianza de los hijos, la marcha de los hijos de casa, la menopausia y el envejecimiento, por ejemplo.

La singular modalidad de la estructuración psíquica de la subjetividad femenina la expone también a mayores riesgos. Las niñas aprenden con sus madres el primer amor incondicional. Este intenso vínculo de dependencia requiere un largo tiempo de separación y duelo en la niña y en la madre, dejando en ambas un profundo vacío.

Para sostener y garantizar la diferenciación entre madre e hija, es necesaria la terceridad mediadora de la función paterna simbólica para que la niña pueda vivenciar su orientación hacia el sexo, su deseo de maternidad y su apuesta por el amor de un hombre. En este largo proceso de identificación femenina, las mujeres quedan, mediante su demanda de amor, ligadas y dependientes también, primero del amor del padre y luego del amor de un hombre.

En cuanto a lo masculino y lo femenino, para Lacan son posiciones ante el goce que nada tiene que ver con la posesión de pene o vagina. Define al goce femenino, en oposición al masculino, como aquel goce que anula los límites, que posibilita una vivencia de completud, mientras que el goce masculino implica un límite y es momentáneo.

Por lo tanto: ¿Igualdad o diferencia sexual?

Carlos H. Jorge